Muerte a la oreja de van Gogh – Allen Ginsberg

El poeta es sacerdote

El dinero ha puesto precio al alma de América

El Congreso ha irrumpido en el barranco de la Eternidad

El presidente ha construido un arma que vomitará hasta convertir Kansas en Rusia

El Siglo Americano traicionado por un Senado loco que ha dejado a su mujer sola en la cama

Franco ha asesinado a Lorca hijo marica de Walt Whitman

Al igual que Mayakovski se mató para escapar de Rusia

Hart Crane platónico distinguido se mató en una caverna de la América equivocada

al igual que toneladas de trigo humano se quemaron en las cuevas que se ocultan debajo de la Casa Blanca

mientras la India moría de hambrunas y gritaba en agonía y devoraba rabiosos perros ahítos de lluvia

y montañas y montañas de huevos devenían polvo blanco en los salones del Congreso

ningún hombre temeroso de Dios caminará por ahí de nuevo a causa de los putrefactos huevos de América

y los indios de Chiapas siguen masticando tortillas sin vitaminas

los aborígenes de Australia mascullan tal vez en la espesura sin huevos

y yo no desayuno huevos casi nunca aunque mi trabajo necesita que infinitos huevos eclosionen en la Eternidad

los huevos deberían ser consumidos o devueltos a sus madres

y el dolor de los innumerables pollos de América está expresado en los bramidos de los comediantes en la radio

Detroit ha ensamblado un millón de automóviles de caucho y de fantasmas

pero yo camino, yo camino y el Oriente anda conmigo, y toda África camina

y antes o después América caminará

Einstein fue ridiculizado en vida por su ideología celestial

Bertrand Russell fue expulsado de NY por tener sexo

Chaplin el inmortal fue expulsado de la costa con su rosa entre los dientes

una conjura de la Iglesia en los lavabos del Congreso deniega anticonceptivos a las masas de la India

Nadie publica una palabra si no es de la cobarde arenga mecánica que predican los depravados

El día que se publique la auténtica literatura del cuerpo

americano será el día de la revolución

la revolución del cordero erótico

la única revolución sin sangre y que regala granos de maíz

el pobre Jean Genet alumbrará a los campesinos de Ohio

La marihuana es una droga benévola pero Jota Edgar Hoover prefiere su mortífero whisky

La heroína de Lao-Tsé y del Sexto Patriarca se castiga con la silla eléctrica

pero los yonquis pobres no tienen dónde reposar su enfermedad

los monstruos en el gobierno han inventado una cura de abstinencia

para la adicción tan obsoleta como un escudo antimisiles

Yo soy un escudo antimisiles

y no veo más que bombas

no me interesa evitar que Asia se convierta en Asia

y los gobiernos de Rusia y Asia se alzarán y cesarán pero

Asia y Rusia no caerán

También caerá el gobierno americano pero cómo puede caer América

dudo que alguien pueda caer de nuevo a excepción de los gobiernos

por suerte todos los gobiernos van a caer

los únicos que no caerán serán los buenos

y los buenos aún no existen

No tienen entidad pero existen en mis poemas

existen en la muerte de los gobiernos en Rusia y en Norteamérica

existen en la muerte de Hart Crane y Mayakovski

este es el tiempo de una profecía que no termina en una muerte

el universo desaparecerá algún día

Hollywood no se pudrirá en los molinos de la Eternidad

Hollywood cuyas películas se pegarán a la garganta de Dios

Sí Hollywood recibirá lo que merece

tiempo

filtración de gas nervioso por la radio

La historia logrará que este poema sea profético y su absurda estupidez será un horrible cántico espiritual

Tengo el gemir de una paloma y la pluma del éxtasis

Los hombres no pueden soportar más el hambre de caníbales abstractos

La guerra es abstracción

el mundo será destruido

el monumento a Sacco y a Vanzetti aún no financiado para ennoblecer la ciudad de Boston

Vachel Lindsay Secretario de interior

Edgar Allan Poe Secretario de imaginación

Pound de Sociedad y Economía

y Kra le pertenece a Kra y Pukti a Pukti

fertilización cruzada de Block y de Artaud

la oreja de van Gogh en las monedas

no más propaganda para monstruos

los poetas deben alejarse de la política o ser monstruos

yo me he vuelto monstruoso en la política

el poeta ruso es indudablemente monstruoso en su diario secreto

Se debería dejar en paz al Tibet

estas profecías son evidentes

América será destruida

los poetas rusos combatirán a Rusia

Whitman alertó acerca de la “Legendaria maldición de las naciones”

Dónde estaba Theodore Roosevelt cuando mandó los ultimátums desde su castillo en Candem

dónde la Cámara de Representantes cuando Crane declamó sus libros proféticos

qué planeaba Wall Street cuando Lindsay anunció la condena del dinero

dónde estaban escuchando mis arengas en las taquillas

de las oficinas de empleo de Bricksford?

Habían cerrado los oídos a las quejas de mi alma cuando me enfrenté

con las estadísticas del mercado en el Foro de Roma?

No, combatían en ardientes oficinas, en las alfombras del infarto, chillando y regateándole al Destino

combatían al esqueleto con sables, mosquetes, enormes dientes,

indigestiones, bombas de latrocinio, prostitución, cohetes y pederastia,

con la espalda contra el muro para construir a sus esposas y sus apartamentos,
sus céspedes,

suburbios,

homosexualidad,

puertorriqueños apiñados para la masacre de la calle 114 a causa de un frigorífico de imitación

Elefantes de piedad asesinados a causa de la pajarera isabelina

millones de fanáticos agitados en el manicomio a causa de la chirriante soprano de la industria

El canto adinerado de los jaboneros — monos dentífricos en los platós de televisión —desodorantes en sillas hipnóticas —

petroleros en Texas — borrones de los cazas por encima de las nubes —

escritores en el cielo mentirosos ante el rostro de la Divinidad — carniceros con colmillos de sombreros y zapatos

todos dueños! Dueños! Dueños! obsesionados con la propiedad desvanecido el ego!

y sus largos editoriales debatiendo sobre aquel negro vociferante al que atacaban

las hormigas que salen de la primera plana!

Maquinaria de una misa sueño eléctrico! La belicista Ramera de Babilonia rugiendo sobre capitolios y academias!

Dinero! Dinero! Dinero! estridente dinero loco de ilusión celeste!

Dinero hecho de nada, suicidio, hambruna! Dinero del fracaso! Dinero de la muerte!

Dinero contra la Eternidad! y los robustos molinos de la eternidad trituran los vastos billetes

de la ilusión!


1947-PH-118_Blackwell2012_MR

Traducción: Carlos Recamán
Pintura: Clyfford Still

Anuncios

El libro del té – Kazuko Okakura

Larga fue la amistad entre Sen no Rikyū y el Taikō Hideyoshi, y alta la estima en que el gran guerrero tenía al maestro del té. Pero la amistad de un déspota es siempre un peligroso honor. En una era plagada de traiciones en la que nadie podía confiar en sus allegados, Rikyū no era un cortesano servil, y varias osó disentir con su fiero patrón. Aprovechando la frialdad que había existido por un tiempo entre el Taikō y Rikyū, los enemigos de este último le acusaron de formar parte de una conjura para envenenar al déspota, contándole a Hideyoshi que la pócima sería administrada dentro de una taza de té servida por el maestro. Una sospecha de Hideyoshi era argumento suficiente para llevar a cabo una ejecución, y no se podía confiar en la buena voluntad del furioso dirigente. Sólo un privilegio se le concedió al condenado: la dignidad de morir por su propia mano.

El día destinado a su inmolación, Rikyū invita a sus mejores discípulos a una última ceremonia del té. Los invitados se reúnen tristemente ante el pórtico. En el camino del jardín los árboles parecen estremecerse, y entre el crujido de sus hojas susurran los fantasmas errabundos. Dos lámparas de piedra gris se alzan ante el portal como solemnes centinelas ante las puertas del Hades. Una oleada de incienso surge de la casa de té, como pidiendo a los invitados que entren. Uno a uno van pasando y ocupan sus posiciones. En el tokonoma cuelga un kakemono: un texto escrito por un anciano monje que trata de la evanescencia de todo lo terrenal.

La tetera hierve sobre el brasero y canta como una cigarra que derrama sus pesares al verano que termina. Pronto entra el anfitrión. Cada uno, por turnos, recibe una taza de té; y cada uno, por turnos, la vacía silencioso. De acuerdo a las normas de cortesía, el invitado principal pide permiso para examinar los instrumentos del té. Rikyū coloca los artículos y el kakemono ante él. Cuando todos han expresado su admiración por su belleza, Rikyū ofrece uno a cada invitado a modo de recuerdo. Sólo se queda con su cuenco: “nunca más debe esta taza, manchada por los labios de la desgracia, ser utilizada por hombre alguno”, dice, y golpea el cuenco quebrándolo en múltiples fragmentos.

La ceremonia ha terminado; los invitados, reteniendo apenas las lágrimas, pronuncian su despedida y salen de la habitación. Uno solo, el más cercano y querido, permanece para atestiguar el final. Rikyū se quita el kimono y lo dobla cuidadosamente sobre el tatami, revelando el vestido mortalmente blanco que ocultaba. Contempla con ternura el brillante filo de la daga y recita un exquisito poema:

Sé bienvenida, ¡oh
espada de la eternidad!
A través de Buda
a través de Dharma
ábrete camino

Con una sonrisa en su rostro, Rikyū se adentra en lo desconocido.

39468g1.jpg

Traducción de Carlos Recamán
Pintura de Kasamatsu Shiro

Sharon Olds – Aquel año

Aquel año

 

El año de la máscara de sangre, mi padre

aporreaba los cristales de la puerta para entrar

 

el año que encontraron aquel cuerpo en las colinas,

desnuda en una fosa muy estrecha, tan blanca como

los hongos, parcialmente descompuesta,

violada, asesinada, aquella compañera de mi clase.

 

Aquel fue el año en que mi madre

nos escondió para que no estuviéramos presentes

cuando le pidió que se marchara, para que nunca

más pudiera atarnos las muñecas a la silla

y negarnos la comida, para que nunca

más nos agarrase la cabeza y nos forzase

la comida en la garganta, sentadas en el restaurante,

la vergüenza del suero lácteo vomitado en el jersey,

la vergüenza de los pechos que afloraban.

 

Aquel fue el año

en que empecé a sangrar

una noche traspasé aquella frontera,

 

y en Estudios Sociales llegamos

por fin a Auschwitz y yo, en mi ignorancia,

sentí que me era familiar

como el rostro de mi padre, como el rostro de un guardián

que se gira y que se aleja, o peor aún,

que se gira y se aproxima.

 

Los cúmulos simétricos de cuerpos blancos

los montones redondeados con forma de pecho blanco,

el olor del humo, los perros los cables las

cuerdas el hambre. Esto había ocurrido

hacía apenas unos años,

en Alemania, los guardias eran protestantes,

como mi padre y como yo, pero en mis sueños,

cada noche, yo era uno de esos prisioneros

a los que iban a matar. Le había ocurrido a seis millones

de Judíos, a la familia de Jesús

y yo no estaba allí, y no todos

habían muerto, y había un término para definirlos

y yo quería, en mi ignorancia,

compartir al menos una parte de él, del término superviviente.

 

[The year of the mask of blood, my father
hammering on the glass door to get in

was the year they found her body in the hills,
in a shallow grave, naked, white as
mushroom, partially decomposed,
raped, murdered, the girl from my class.

That was the year my mother took us
and hid us so we would not be there
when she told him to leave; so there wasn’t another
tying by the wrist to the chair,
or denial of food, not another
forcing of food, the head held back,
down the throat at the restaurant,
the shame of vomited buttermilk
down the sweater with its shame of new breasts.

That was the year
I started to bleed,
crossing over that border in the night,

and in Social Studies, we came at last
to Auschwitz, my ignorance
I felt as I recognized it
like my father’s face, the face of a guard
turning away–or worse yet
turning toward me.

The symmetrical piles of white bodies,
the round, white breast-shapes of the heaps,
the smell of the smoke, the dogs the wires the
rope the hunger.  This had happened to people,
just a few years ago,
in Germany, the guards were Protestants
like my father and me, but in my dreams,
every night, I was one of those
about to be killed.  It had happened to six million
Jews, to Jesus’s family
I was not in–and not everyone
had died, and there was a word for them
I wanted, in my ignorance,
to share some part of, the word survivor]

 

Original de Sharon Olds

Traducción de Carlos Recamán

Rostros extraños (Vítězslav Nezval)

Rostros extraños

 

Algún día cuando los hombres entiendan tu poética ciudad al término de una carretera

donde los postes indicadores escriben Fidelidad

dejarán de existir los rostros de los extraños

que han venido

hoy

a espantar a mi tristeza a espantar la primavera

No serán como ese abrazo sin pasión

donde un frío irredimible

los engendró

No serán como sus casas endebles

con cimientos de ambición

y de codicia

No serán tan obsoletos

como sus pensamientos y sus sueños

como sus actos en las obras de teatro

como la cerveza en la que ahogan su indiferencia

como las estrellas que atraviesan las persianas de papel

Serán como balconadas

como las rosas de Praga

exultantes como el río

dulces como el repicar de San Loreto

Oh reclamo una edad que ponga fin a toda insipidez

que transforme a Praga en una muchedumbre luchando por los cigarrillos

que me haga preferir la conversación de los relojes antes que la conversación de las personas

y entonces un visitante extranjero llegará

para reverenciar a las mujeres de Praga

que ya nunca volverán a azorarse

que no volverán a avergonzarse del dulce nombre de Praga

y la poesía alzará su linterna entre los árboles

 

243L14007_7H8CW_Web.jpg

Poema de Vítězslav Nezval

Traducción de Carlos Recamán

Cuadro de Maximilien Luce

Las lilas junto al museo de la plaza de San Wenceslao (Vítězslav Nezval)

A mí las flores no me gustan

A mí me gustan las mujeres

y no obstante me dormí bajo las lilas

Desde lejos vino el hálito de un sótano

sofocante como apartamentos en la noche artificial

en la noche artificial de tu mirada artificial

tus labios artificiales

tus pechos tu peinado artificiales

Me gustas tú ramo de lilas

del paseo que recorren los jardines por la tarde

sus rosas incalculables

y sus pechos que se cubren con los pétalos

Praga está respirando en las ventanas abiertas

ocaso fresco

mientras duermo

una lila estalla en flores en la plaza de San Wenceslao

Ciudad de los capiteles

Praga de cien capiteles

con los dedos de los santos

con los dedos de perjuros

con dedos de granizo y fuego

con los dedos de los músicos

con los dedos venenosos de mujeres que yacen sobre sus espaldas

con los dedos que acarician las estrellas

suspendidas del ábaco de la noche

con dedos de donde mana la tarde con los dedos bien cerrados

con dedos que no tienen uñas

con los dedos de los niños más pequeños y los filos de la hierba

con los dedos de un cementerio en mayo

con los dedos de mendigas y de toda la clase obrera

con dedos de rayo y de trueno

con dedos de azafrán de otoño

con los dedos del Castillo y las arpas de las ancianas

con dedos hechos de oro

con dedos por donde silban los mirlos y la tormenta

con dedos de puerto marino y de lecciones de danza

con los dedos de una monja

con dedos de las jornadas últimas en Herculano y en la Atlántida que se hunde

con dedos como un espárrago

con los dedos de una fiebre de 40 grados Celsius

y de bosques congelados

con dedos que no tienen guantes

con dedos donde una abeja se posa

con los dedos de los álamos

con los dedos que seducen flageolets

en una orquesta nocturna

con los dedos de tahúres y almohadillas

con los dedos deformados por el reuma

con los dedos que son fresas

con los dedos de molinos y de lilas florecientes

con dedos de los manantiales con los dedos de bambú

con dedos de monasterio antiguo y trébol

con dedos hechos de talco

con los dedos de los cucos y árboles de Navidad

con los dedos de los médiums

con los dedos de advertencia

con los dedos que cepillan los pájaros cuando vuelan

con los dedos de campanas de una iglesia con su viejo palomar

con dedos de la Inquisición

con dedos ensalivados de quien quiere comprobar el viento

con dedos del enterrador

con los dedos del ladrón de los anillos

de las manos que predicen el futuro

de las manos de quien toca la ocarina

con dedos del deshollinador y de la virgen de Loreto

con dedos de los rododendros y del agua que chorrea en la cabeza del pavo real

con dedos de las pecadoras

con los dedos agostados de la cebada madura y de la torre de Petřín

con dedos de amanecer de coral

con dedos que apuntan al cielo

con los dedos seccionados de la lluvia y de la iglesia del Týn en el guante del ocaso

con los dedos del albergue profanado

con dedos de la inspiración

con dedos sin ligamentos

con los dedos con que escribo este poema

 

tumblr_m0c3kbPQaJ1qghk7bo1_1280.jpg

Poema: Vítězslav Nezval

Cuadro: František Kupka

Holographic post-spoken word

De pétalos el prado desordena

leves viento; la flor de Flandes, rosas

si no blanco cristal purpúreas diosas,

aves de aurora son, humor sin vena;

 

meliflua su Salicio lira suena,

solitario vergel de amenas losas,

a Septentrión encanta, canta en glosas,

tal un Orfeo callando, tanta pena.

 

Su tan triste canción, si dulce llanto,

zafiro, arroyo helado es de Natura

que no osarían fundir ni sol ni canto.

 

Quieta la soledad, quién aventura

levantar de la yerba este que manto

Galatea es de luz la sepultura.